martes, 18 de abril de 2017

Parque Granma



Semana de receso de todo el sistema educacional cubano, muchos padres toman unas cortas vacaciones para compartir con sus hijos en el hogar o disfrutar de las opciones que brinda su entorno. Aunque no es mi caso, ya mis hijos deciden por si mismo su programa de vida. Es el momento para visitar un cercano parque suburbano en Bayamo.
Recuerdo, que mientras hacia una especialidad, propia de mi perfil laboral, en una ciudad europea caracterizada por su tranquilidad, decidí romper con la monotonía del fin de semana y librarme de las actividades domésticas, con merienda y almuerzo incluido, visitando un gran parque suburbano que era el lugar preferido de los habitantes de la ciudad, un hermoso arbolado con sinuosos senderos que atravesaban toda la masa verde hasta bordear un gran espejo de agua que brindaba un espacio de confort para sus habitantes. Llegado el final del recorrido descubrí con asombro y enojo que no había infraestructura de servicio en ese lugar, sólo el placer del sitio per se.
Necesité años para torcer el viejo pensamiento, me ayudaron a madurar los problemas vinculados al cambio climático, y el conocimiento de la existencia de un territorio con un enorme potencial para el desarrollo del turismo de naturaleza, del cual parece no estar consciente de sus valores una parte de sus principales actores.
En días reciente les contaba a unos colegas, vinculados a la actividad turística, que Bayamo posee un parque suburbano, el cual posee más de 100 ha de un paño verde natural, en pleno periodo seco, salpicado por centenares de árboles frondosos con muchas décadas de sembrados o de crecimiento natural y que hoy crecen olvidados por la mayoría de sus ciudadanos que esperan con ansias el nuevo proyecto de renovación de la infraestructura técnica y de servicio del lugar, como requisito indispensable para su utilización.
Lamentablemente, los arrastres culturales parecen secuestrarnos en el tiempo. Pienso en las carencias ambientales, y la necesidad de reforzar los planes educacionales, ahora que todos esperamos con ansia la próxima reinauguración de un antaño y demandado restaurante, ¨El Luanda¨, ubicado en el sitio.
Conozco un lugar, allende al océano, que en una hectárea de área verde lograda a base de riego artificial, constituye el principal atractivo de sus habitantes, que saben el verdadero valor del espacio verde.
Por lo pronto,  pongo  mente positiva y doy por seguro que es sólo una cuestión de tiempo la apropiación del espacio de ocio, por eso  me adelanto y clavo  simbólicamente  la estaca en su suelo para reclamarlo para mi familia, amigos y colegas de trabajo y ciudadanos que de forma consciente se identifiquen con sus valores en esta  en esta zona de sano de esparcimiento para el pueblo.

viernes, 10 de febrero de 2017

¡De…Afuera!


 
 ¡De…Afuera!
A propósito de un artículo anterior, ¨Gabriel, el Geógrafo de la Cañada del Aguacate¨, decía ¨… Gabriel, nuestro correligionario de trabajo, ya pasó los 60 años, pero sigue con su alma de niño sorprendiéndonos cada día. Sus colegas de labor toleramos compasivos las ocurrencias de este geógrafo de la Cañada del Aguacate y sus inevitables apodos a todo el
colectivo.

A mí me dice el Niño, cuando ya dejé hace mucho tiempo esa etapa de la vida, lo que me hace recordar y reflexionar sobre algo que escribí estando en Namibia cumpliendo colaboración técnica, a modo de chanza, que viene a reforzar una extraña opinión sobre la creencia de algunos de mis compatriotas sobre las bondades espirituales y cualidades físicas que supuestamente se adquieren al vivir en el extranjero, resumida en un etéreo concepto sobre el mundo exterior y que la gente sencilla lo condensa de forma mágica como, ¡De…Afuera!. En el cual expresaba:

En Cuba, rodeada de mar, la frontera invisible del más allá de nuestro suelo, está llena de misterios, y a diferencia de otras tierras donde el extranjero es un ser muchas veces visto como un villano, que de alguna manera representa una amenaza potencial al bienestar social, económico y cultural de su país, el forastero que nos visita viene a disfrutar los
placeres del clima y las bondades de nuestras gentes, en la medida que lo permite la capacidad de su bolsillo o la generosidad de su corazón, casi siempre solidario, por lo cual es retribuido con la clásica hospitalidad de nuestro rebeldes compatriotas.

Así que se da por hecho, que es un ser exótico, pudiente, digno de nuestra proverbial curiosidad, muy a tono con nuestro carácter extrovertido; las tierras que los cobijan deben ser también boyantes, poseedoras, tal vez, de la piedra filosofal, donde el cuerno de la abundancia destila su habitual riqueza.

La sicología del hombre sencillo se pierde en el tiempo y los reflejos, condicionados por su evolución, influyen en su comportamiento. Como no recordar la mística Isla de Bimini, con su fuente restauradora de la juventud, donde un jefe Arahuaco de Cuba, tal vez venido del sur de la Amazonía, reunió grupo de aventureros y navegó hacia el norte en un viaje de exploración, para desaparecer en el laberinto del tiempo; o en esas sempiternas tierras septentrionales, donde supuestamente estaba el apócrifo río Jordan, con sus aguas milagrosas, motivo de incesante búsqueda y ensalzada por la mística leyenda, para beneplácito de poetas y escritores.

Una historia más cercana es la de Matías Pérez, un portugués radicado en Cuba, fabricante de toldos y lanas, el cual voló en un globo aerostático un 29 de junio de 1856 para no volver jamás, de ahí la frase que trascendió en el tiempo “Voló como Matías Pérez”, para referirse a alguien que no hemos vuelto a ver.

La sensación de vivir en un lugar aislado, quizás condiciona nuestra proverbial locuacidad y la necesidad de buscar otros espacios, más allá de nuestras tierras, contribuyendo a la creación de arquetipos sobre el mundo exterior y sus bondades, tal vez por eso, nuestro José Martí, profundo conocedor del alma criolla, expresaba, con énfasis, en su conocida frase, “el vino, de plátano; y si sale agrio! es nuestro vino!” para resaltar la dicotomía entre lo nacional y lo foráneo.

Así que yo, que ahora vivo temporalmente en el extranjero, me preparo para los paradigmas habituales, pregonados por los amigos y familiarizares, en nuestro inevitable nuevo contacto, después de muchos meses de separación, y esperando oír sus expresiones habituales de admiración o rechazo: “vino más amistoso, más sabio, más tierno, más joven”, … tengo la esperanza que no digan… parece mentira que estuvo en “el extranjero” y llegó, “más viejo, más bruto, más gordo, más feo, más petulante”…Como soy optimista, deseo irme por el lado positivo de la vida, y que mis allegados vean en mí, los progresos ¡De…Afuera!