viernes, 11 de julio de 2014

Una paradoja en el desierto de Namib, Swakopmund



La bruma
Tres semanas de recorrido por toda la geografía namibiana por motivos de trabajo es una buena oportunidad para ventilar asuntos laborales con colegas de profesión vinculados con las actividades constructivas que desarrollamos, pero es además un buen momento para  conocer a este país, que a mí se me antoja sorprendente, a pesar de una lacónica caracterización que  habla de un territorio limitado por dos desiertos, Kalahari y Namib y una Meseta Central.
Con lo cual podríamos suponer   un paraje poco atractivo y resulta todo lo contrario, donde a cada instante descubrimos atrayentes paisajes, no sólo en los vastos espacios, sino en sitios puntuales capaces de llenar las expectativas de los que se acercan a estos seductores escenarios.
Unos 360 kilómetros separan a Windhoek, capital de Namibia, del asentamiento urbano de Swakopmund,  perteneciente a la región de Erongo, un territorio con más de 60 000 km2 que sobrepasa ampliamente los 100 000 habitantes.
El viaje, monótono para los que estamos habituados a estos parajes, grandes extensiones de terreno donde crece un pasto de color amarillo opaco golpeado por una persistente sequía, propia de esta época del año, sólo se ubican contados  asentamientos a lo largo de la vía, que se van haciendo cada  vez más escasos hasta desaparecer, enfrentándonos a  un brusco cambio del paisaje, que abre su perspectiva visual  para permitirnos  observar el  imponente desierto de Namib, el más antiguo del mundo, donde la única actividad humana que   se percibe, es el ligero  tránsito por la ruta de comunicación en la que viajamos y cercanas explotaciones mineras, donde se destaca, la mina de uranio a cielo abierto más grande del mundo.
Extensos espacios desprovistos de vegetación, son salpicados por formaciones de montañas, desde el horizonte parecen tomar coloración  azul  oscuro o  negra, matizado por grandes manchas blancas, estas últimas resultado de  los grandes depósitos de arenas que se acumulan en su base arrastradas por los vientos, dándole un inusual aspecto, adicionándole un valor agregado al ya inusitado panorama.
Sin  que nos percatemos, el clima cálido, dotado de   un cielo azul intenso, que  hace recordar al lejano trópico, empieza a ser cubierto por  la bruma que se aprecia más acentuada  en el horizonte, anunciando la proximidad de la costa Atlántica, donde se ubica el asentamiento urbano de Swakopmund, capital administrativa de la región de Erongo. 
La neblina parece cubrir amplias zonas costeras adentrándose varios kilómetros tierra adentro,  originada por la corriente de Benguela que es una corriente de aguas frías que se dirige al norte siguiendo la costa oeste de África y produce densas nieblas oceánicas la mayor parte del año; responsable en el pasado, junto con las fuertes marejadas y la existencia de peligrosos bancos de arenas, de un cementerio de barcos depositados en su costa en la zona conocida como “Costa de los Esqueletos”, en referencia a los pecios precipitados hacia su litoral y devorados lentamente por  la agreste naturaleza del lugar…


Swakopmund, un asentamiento “alemán”.
Sin tener información previa, en mi primera visita al sitio, del que sólo conocía el inexacto término de afortunados colegas que  lo describían, como un lugar bonito. Pobre calificativo para designar un espacio único, por no decir mágico.
Su mercado de artesanías se destaca por la diversidad de las piezas trabajadas en madera y piedras del lugar. Inseparable a esta actividad económica, las himbas, con sus hijos acuesta, formando parte del ambiente del emplazamiento, en un intento por buscar un sustento para su familia a expensas de los curiosos turísticas que visitan el sitio. 
El cielo añil  había cedido su lugar para transformarse en un encapotado color gris, acompañado de una percepción de fuerte humedad y una inesperada temperatura fría.
Vistosas señaléticas anuncian  nombres de calles y anuncios publicitarios en idioma alemán o  su pariente  cercano, el afrikáans,  el idioma de los colonizadores nativos.

El panorama visual parece estar impregnado de un carácter novelesco  con sus hermosas e impecables construcciones que adornaban el emplazamiento.
Reflejo de la arquitectura de estilo colonial alemán, que se nos muestra  en buena parte de su entramado urbano.
Yo me empeñaba en encontrar imperfecciones, propia de cualquier obra humana, para mi asombro, con resultado absolutamente negativo.
El espíritu germánico  ronda aún por estas tierras, para orgullo de los descendientes de los antiguos colonizadores, revelándonos un espacio propio  de vitrina urbana. 
En un vano  intento de hacernos olvidar su pasado colonial, teniendo el triste mérito de haber  albergado en su suelo  uno de los campos de exterminios creados en estas tierras, que segó la vida de una buena parte de las etnias, nama y herero, identificándose como los  precursores de los primeros intentos de genocidios del siglo XX. Historia antecesora de los campos de la muerte nazis   que se hicieron tristemente famosos a sitios como Auschwitz…


La Esperanza
Una llamada telefónica nos pone en contacto, ahora el ingeniero cubano,  nos espera en el exterior de las oficinas del  Consejo Regional y sin tiempo para desempacar realizamos una visita de trabajo a una de las obras donde se ejecuta un ambicioso programa masivo de vivienda para personas de bajos ingresos, o sea una parte importante de su población originaria, es precisamente uno de los grandes retos que tiene el país, como forma de reparar una injusticia histórica que permita superar brutales contrastes, como este Swakopmund de ensueños.
En contraposición a la otra cruda realidad que vive una parte importante del pueblo asentado en barrios informales, que es la mejor manera que encuentro para designar sitios como éste que en otros países tienen infinitos nombres, favela, llega y pon, chabola, barrios marginales…
El especialista cubano esta imbricado en la materialización de este vasto programa. Hoy realiza una  certificación  de las acciones constructivas ejecutadas en las viviendas.
El proceso de inserción laboral es complejo, por las conocidas  restricciones de los colegios profesionales que es bastante frecuente en muchos  países, además de asimilar métodos de trabajo y regulaciones específicas que deben ser respetadas.
A pesar de los obstáculos se avanza teniendo en cuenta el objetivo común, ayudar a solventar uno de los dramas sociales más importante, contar con una vivienda decorosa para la familia namibiana, en esa meta trabaja un colectivo de profesionales cubanos en conjunto con muchos actores de la sociedad namibiana.
Cumplida la jornada laboral, me acojo a la hospitalidad de mi coterráneo, que no ignora la impaciencia que tengo por mirar algo de la belleza del lugar antes de la ya próxima caída de la noche.
Las fotos tomadas no le hacen justicia a la ciudad, la bruma y el atardecer conspiran con la calidad de las imágenes. Así que bien temprano en la mañana reto a la suerte, sólo dispongo de menos de una hora antes empezar un nuevo contacto de trabajo, es de hecho mi última oportunidad de llevarme unas imágenes del sitio.

Un encuentro de trabajo
El especialista cubano me llama por teléfono y me recuerda que sólo quedan 15 minutos para las 8 de la mañana donde comienza mi primera actividad del día. 
Con pesar realizo las últimas fotos ya en movimiento camino a su hogar, donde aprecio las buenas condiciones de vida de que dispone el especialista para su estancia en este sitio. 
En el Consejo Regional nos esperan las autoridades locales para discutir diversos temas de interés, entre ellos la próxima llegada de un arquitecto que se sumará al programa de vivienda que actualmente se ejecuta.
Escucho con satisfacción la opinión positiva de los decisores sobre el trabajo del experto cubano y me despido con una breve visita a la oficina de mi colega ubicada en la propia  entidad.

   El desierto de Namib 
Ahora  se impone la despedida de este hermoso lugar, con la insatisfacción de conocer a penas una pequeña parte de sus atractivos urbanos y otros sitios paisajísticos de interés ubicados en las zonas colindantes, entre ellos el asentamiento Walvis Bay  que significa “Bahía de Ballenas”.
Leo con intereses, en una enciclopedia de Internet,   que”… la bahía ha sido un refugio para buques de mar debido a su puerto de profundidades naturales protegido por una lengua de arena de Punta Pelícano. Siendo rico en plancton y vida marítima, estas aguas acercaron grandes número de ballenas que atrajeron barcos balleneros y buques de pesca…”
Aun así no me resigno a perder la oportunidad de acercarme al “verdadero” desierto de Namib, donde están sus famosas dunas en que un grupo de colaboradores cubanos y amigos de Cuba, escalaron una de las  más altas del mundo, con sus 380 metros de altura, conocida como Duna 7,  próxima al asentamiento urbano Walvis Bay.
El propósito, apoyar una buena causa y el deseo expreso de un pronto regreso de sus hijos a la Patria. 
Satisfecho este deseo, como diríamos en Cuba, al menos “del lobo, un pelo”, nos despedimos de la región de Erongo, con la aspiración  de que nos acompañen en este recorrido virtual por la belleza de la tierra namibiana. (Texto e imagen gráfica José Alberto Zayas Pérez. Fuente bibliográfica tomada de Internet)

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